Erase una vez una familia de dino-dragones, el más pequeño, Hugo, no sabía echar fuego por la boca, como ya lo hacían sus hermanos mayores. Se pasó todo el invierno y la primavera pasando frío y resoplando para intentar conseguirlo, pero no había manera. Su madre le dijo: "no te preocupes Hugo, un día, cuando menos te lo esperes, lo conseguirás". Y así fue, un día de verano que hacía mucho calor, a Hugo le dio hipo, y de
repente se le escapó una llamarada. El susto que se llevó su mamá fue enorme, pero se alegró muchísimo, porque así fue como el pequeño Hugo se convirtió en un dino-dragón de las buenas de verdad.
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